Me agrada este editorial, hay algunas cosas que las pondría bajo mayor escrutiño, por ejemplo Jethro (que los policías lo entregaron a los soldados diciendo que el había declarado ser integrante de un grupo organizado).
Pero en general el editorial lo considero muy necesario y acertado, nos regresa a un punto más neutral. Que no criminaliza a las FFAAs, acepta que solo algunos han cometido errores o han obrado mal, y que agradece a las ONGs que si hacen buena labor para con el país, pero también indica que hay que ser cuidadosos por que entre su discursos los criminales aprovechan para meter su cuchara y dañar a las instituciones.
Aquí el problema es el cómo, ¿Cómo identificas la propaganda de los criminales de entre las solicitudes légitimas?
CReo aquí mucha culpa la tenemos todos por creer (cómo aquí vimos con el caso de los MPs de Hidalgo) lo primero que leemos o escuchamos como algo cierto y no lo analizamos.
Y por parte de las mismas organizaciones que se dejan manipular en masa, por lo que luego los vemos deslindandose de las solicituded y declaraciones que se hacen en nombre de ciertos grupos civiles (Casos de Isabel de Wallace, Causa en Común, luego de que Sicilia exigiera la destitución de GGL en el Zócalo).
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El crimen organizado está dispuesto a todo con tal de imponer condiciones . Amedrentará ciudadanos y corromperá autoridades en su búsqueda de poder y dinero fácil. Entendido eso hay que tener cuidado de no confundir la crítica de las personas preocupadas por la seguridad con la propaganda criminal.
Ayer en una ceremonia de graduación de marinos, el secretario de la Armada de México, Francisco Saynez, alertó sobre "grupos ciudadnos" que caen en el juego de los criminales y que "al utilizar la bandera de los derechos humanos intentan dañar la imagen de las instituciones".
El almirante tiene razones para hacer el llamado de atención. Se ha documentado cómo, por ejemplo, grupos del narcotráfico en el norte del país han financiado marchas que exigen la salida de las Fuerzas Armadas de las calles. Sin embargo incluso esta clase de hallazgos es insuficiente para sospechar de otros con exigencias similares éstas sí, basadas en convicciones. El riesgo de ver con recelo a todos los que critican la actuación de los cuerpos de segurisad es la estigmatización.
Gracias al cuestionamiento sobre el desempeño de las policías y las Fuerzas Armadas han surgido movimientos reivindicadores de las víctimas, como el de Javier Sicila. Sin ese espiritu escéptico que caracteriza a tantas organizaciones civiles dentro y fuera del país muchos inocentes que han logrado su libertad seguirían injustamente presos. Nadie sabría que los jóvenes asesinados en Villa de Salvácar, Chihuhaua, eran en su mayoría estudiantes sin problemas delictivos, ni que personas comunes como el desaparecido Jethro Ramsés Sánchez pueden ser víctimas de la acción arbitraria de algnos solsados o policías.
La supuesta contradicción entre seguridad y derechos humanos es un espejismo añejo. Desde antes del inicio de la lucha contra el crimen organizado, cuando la atención se centraba en la delincuencia común, se decía que los defensores de derechos humanos impedían la detención de criminales. Poco a poco se ha comprendido que la defensa de los derechos humanos no estorba a la aplicación de la justicia, sólo la hace menos dañina para todos. Esa impresión nos ha permitido descubrir el enorme mundo de los presuntos culpables.
En los matices está el equilibrio necesario entre derecho al disenso y combate a la impunidad. Fuerzas Armadas, y sociedad, juntos, pueden hallar el justo medio en beneficio tanto de la seguridad como de los derechos humanos.
http://www.eluniversal.com.mx/editoriales/53946.html
Pero en general el editorial lo considero muy necesario y acertado, nos regresa a un punto más neutral. Que no criminaliza a las FFAAs, acepta que solo algunos han cometido errores o han obrado mal, y que agradece a las ONGs que si hacen buena labor para con el país, pero también indica que hay que ser cuidadosos por que entre su discursos los criminales aprovechan para meter su cuchara y dañar a las instituciones.
Aquí el problema es el cómo, ¿Cómo identificas la propaganda de los criminales de entre las solicitudes légitimas?
CReo aquí mucha culpa la tenemos todos por creer (cómo aquí vimos con el caso de los MPs de Hidalgo) lo primero que leemos o escuchamos como algo cierto y no lo analizamos.
Y por parte de las mismas organizaciones que se dejan manipular en masa, por lo que luego los vemos deslindandose de las solicituded y declaraciones que se hacen en nombre de ciertos grupos civiles (Casos de Isabel de Wallace, Causa en Común, luego de que Sicilia exigiera la destitución de GGL en el Zócalo).
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El crimen organizado está dispuesto a todo con tal de imponer condiciones . Amedrentará ciudadanos y corromperá autoridades en su búsqueda de poder y dinero fácil. Entendido eso hay que tener cuidado de no confundir la crítica de las personas preocupadas por la seguridad con la propaganda criminal.
Ayer en una ceremonia de graduación de marinos, el secretario de la Armada de México, Francisco Saynez, alertó sobre "grupos ciudadnos" que caen en el juego de los criminales y que "al utilizar la bandera de los derechos humanos intentan dañar la imagen de las instituciones".
El almirante tiene razones para hacer el llamado de atención. Se ha documentado cómo, por ejemplo, grupos del narcotráfico en el norte del país han financiado marchas que exigen la salida de las Fuerzas Armadas de las calles. Sin embargo incluso esta clase de hallazgos es insuficiente para sospechar de otros con exigencias similares éstas sí, basadas en convicciones. El riesgo de ver con recelo a todos los que critican la actuación de los cuerpos de segurisad es la estigmatización.
Gracias al cuestionamiento sobre el desempeño de las policías y las Fuerzas Armadas han surgido movimientos reivindicadores de las víctimas, como el de Javier Sicila. Sin ese espiritu escéptico que caracteriza a tantas organizaciones civiles dentro y fuera del país muchos inocentes que han logrado su libertad seguirían injustamente presos. Nadie sabría que los jóvenes asesinados en Villa de Salvácar, Chihuhaua, eran en su mayoría estudiantes sin problemas delictivos, ni que personas comunes como el desaparecido Jethro Ramsés Sánchez pueden ser víctimas de la acción arbitraria de algnos solsados o policías.
La supuesta contradicción entre seguridad y derechos humanos es un espejismo añejo. Desde antes del inicio de la lucha contra el crimen organizado, cuando la atención se centraba en la delincuencia común, se decía que los defensores de derechos humanos impedían la detención de criminales. Poco a poco se ha comprendido que la defensa de los derechos humanos no estorba a la aplicación de la justicia, sólo la hace menos dañina para todos. Esa impresión nos ha permitido descubrir el enorme mundo de los presuntos culpables.
En los matices está el equilibrio necesario entre derecho al disenso y combate a la impunidad. Fuerzas Armadas, y sociedad, juntos, pueden hallar el justo medio en beneficio tanto de la seguridad como de los derechos humanos.
http://www.eluniversal.com.mx/editoriales/53946.html





